Por JOSE A.L. VALLE -
5 DE ABRIL DE 2006
ANIBAL CARMELO TROILO (PICHUCO) nació en Buenos Aires el 11 de julio de 1914. El sonido del bandoneón lo atrapó de chico al escucharlo en los míticos cafés de su barrio. Su madre le compró el primer bandoneón en 140 pesos en cuotas, y allí comenzó el romance eterno de Pichuco con el instrumento que lo dejaría en el bronce y en el corazón de los porteños por siempre.
En el año 1930 se incorpora al sexteto de ELVINO BARDARO. Al año siguiente hace una pequeña incursión en la orquesta de “Pacho” Maglio y de ahí pasa fugazmente por las orquestas de JUAN D’ARIENZO, ANGEL D’AGOSTINO, LUIS PETRUCCELLI, FEDERICO SCORTICATI, JUAN CARLOS COBIAN Y EL CUARTETO DEL 900, hasta que el 1ro de julio de 1937 debuta con su propia orquesta en el recordado “Marabu”, con un espectacular éxito.
En 1938 se casa con la mujer de su vida, IDA CALACHI “ZITA”, quien lo acompañará durante su existencia en las buenas y en las malas.
Por su orquesta pasaron FRANCISCO FIORENTINO, ALFREDO LUCERO PALACIOS, AMADEO MANDARINO, ALBERTO MARINO, FLOREAL RUIZ, EDMUNDO RIVERO, ALDO CALDERON, JORGE CASAL, RAUL BERON (el mejor cantor de orquesta a criterio de quien escribe), CARLOS OLMEDO, PABLO LOZANO, ANGEL CARDENAS, ROBERTO GOYENECHE, ELBA BERON, NELLY VAZQUEZ, ROBERTO RUFINO, TITO REYES, ROBERTO ACHAVAL.
Fue autor de “PA’QUE BAILEN LOS MUCHACHOS”, “MARIA”, “ROMANCE DE BARRIO”, “SUR”, “TE LLAMAN MALEVO”, “NOCTURNO A MI BARRIO”, “BARRIO DE TANGO”, “GARUA”, “RESPONSO”, “DISCEPOLIN”, “LA CANTINA”, “CHE BANDONEON”, entre otros.
Pichuco fue músico, bandoneonista, director, compositor, y un ser humano extraordinario, una persona que repartía afectos por doquier, amado por sus amigos y adorado por sus fans. Una persona humilde, generosa, siempre dispuesto a brindar su ayuda a quien lo necesitase, como buen porteño: amante del boxeo, las carreras de caballos, el fútbol, el buen comer y beber.
El 18 de mayo de 1975 el “gordo” dejó este mundo para siempre, pero quedan sus obras, su música, las anécdotas espectaculares de quienes lo conocieron y adoraron, y el amor del porteño por ese genio del bandoneón. |